Pensé en escribirte una vez más, pero no vale la pena. Dicen que quien no responde ya lo hizo, dicen que el silencio habla más que mil palabras, y es verdad.
¿Sabes qué más hace el silencio?… Tortura, quema, lastima, y también enseña; enseña que hay quienes llegan a tú vida, pero no para quedarse.
Por mí hubiésemos sido aquello que no he sido con nadie más, una historia de amor bonito. Por mí hubiésemos roto la distancia y unido nuestras almas, pero te alejaste, lentamente, sin hacer sonido alguno.
Aún te recuerdo y trato de buscar justificación para tu huída, pero no se puede justificar a quien ignora descaradamente y te observa desde las sombras, como si supiera que con su partida te dejó con mil preguntas y sin ninguna respuesta. No se justifica a quien te enamoró para no amarte. No se justifica.
Debo confesar que una de mis cosas favoritas es observar detenidamente, sin prisa, observar movimientos, ademanes, sonrisas, ojos, rostros. Amo las sonrisas, siempre me fijo en ellas, y me he dado cuenta que hay sonrisas que parecen mágia, te enganchan y quisieras volverlas a ver una y otra vez, porque son sonrisas que salen del alma, que cautivan y contagian- no son una simple expresión facial- son un portal hacia otro mundo.
Hay ojos que te hablan y te llaman, ojos en los que te pierdes por un momento y en los cuales desearías desaparecer para siempre. Ojos que expresan todo lo que un corazón guarda, sentimientos, emociones, luchas, desvelos, fuerza, empatía… No importa el color o la forma, no importa el tamaño, lo único que importa es lo que guardan dentro. Por alguna razón mi color favorito de ojos es el negro, tan extraños, tan difíciles de encontrar, tan profundos que podrían hipnotizar, tan inefables y a la vez tan misteriosos. Juro que no me importaría perderme en unos ojos negros y quedarme allí por toda la eternidad.
Rostros, los rostros cuentan historias, historias que nunca nos podríamos imaginar, guardan sueños, luchas, anhelos, esperanza y desesperanzas, sólida y dolor, alegrías y llantos, decepciones y momentos, momentos de glorias inquebrantables y derrotas desgarradoras. No sé si soy la única que en ciertos momentos se queda observando fijamente el rostro de alguien, preguntándome cuál será su historia, qué le pasa por la cabeza, ríe por fuera y llora por dentro, se siente en paz o tiene demonios que lo atormentan.
Me pregunto si han vivido su mejor vida o se arrepienten de sus decisiones, si han amado y Sido amados, si han lastimado y sido lastimados, si tienen un corazón noble o sólo un hueco negro y profundo en el pecho. Me preguntó tantas cosas y me pongo a imaginar cómo sería estar en sus zapatos, vivir su vida por un día, sentir como siente, pensar como piensa, ver el mundo a su manera, tener sus memorias y poder analizar cada una de ellas, a detalle, sin perderme un solo segundo.
No sé si estoy loca, pero es algo que siempre he querido. Noe conformo con sólo mirar, me gusta observar, ver más allá con el inmenso deseo de tener un super poder que me permita penetrar y observar su alma.Y es que hay tanta gente, tantos secretos guardados bajo llave, tantas historias sin contar, tantas heridas sin sanar, tantos momentos de alegría que albergamos en nuestra mente como el tesoro más preciado porque fueron momentos en los que fuimos tan felices que desearíamos revivirlos una y otra vez.
Quiero conocer gente, conocer almas, escuchar historias e imaginarme que muestras las escucho las vivo en carne propia y siento cada olor, cada sabor, cada sentimiento. Quiero contar historias, historias propias e historias de aquellos que no han sido capaces de contar las suyas, quiero que me inspiren e inspirar, deseo darle voz a los que creen no tener una o no se atreven a utilizarla. Anhelo contar sueños, milagros, batallas, luchas, alegrías, amores y sobre todo VIDAS, vidas REALES, vidas que INSPIREN.
«Me da miedo hablar delante de la gente», «Quiero hacer esto, pero me juzgarán», «Me están mirando, deben estar hablando de mí», «mejor no expreso mi opinión, nadie la tomará en cuenta», «Está ropa me qué horrible, los demás se van a reir de mí «, «Estoy muy flaca», «Soy una gorda horrible», «nadie se fijará en mí»… Estas son frases o pensamientos clásicos de aquellos cuya vida se basa en la opinión de los demás, aquellos que no hacen las cosas por miedo al qué dirán y cuya autoconfianza se la ha llevado el viento o simplemente nunca existió, nunca se desarrolló, quizás por situaciones traumáticas, palabras hirientes, personas horribles que se sienten superiores haciendo sentir a los demás inferiores, y quizás debido a su gente más cercana: familia y amigos.
Imagínense vivir bajo la sombra de los demás, vivir con miedo de ser uno mismo, escondernos y encerrarnos , no salir al mundo a mostrar lo que realmente somos, sentirnos inferiores; sé que cada uno de nosotros en alguna ocasión ha experimentando ese sentimiento de inseguridad que no nos permite ver lo que realmente somos y lo que realmente valemos, un sentimiento tan abrumador que nos mantiene viendo a los demás por encima de nosotros y nos vemos a nosotros mismos como seres diminutos, rezagados y vulnerables.
Yo me he sentido de esa manera, tan pequeña e insignificante, tan débil e invisible, siempre comparandome con los demás, siempre buscando algo malo en mí y obviando todas aquellas grandes cualidades que poseo. Mi confianza era nula, prácticamente no existía; lo único que se hacía presente era una horrible sensación que me hacía ver a los demás en las altura, mientras yo estaba en el suelo. En mi caso todo esto comenzó en la adolescencia y desde hace poco estoy intentando dejarlo en el pasado y mostrar la persona que realmente soy y la persona que aspiro llegar a ser.
Lo primero es aceptar que nadie es más ni menos que los demás. Cuando dejamos atrás ese sentimiento de inferioridad estamos dando el paso inicial de un largo proceso, un proceso que valdrá la pena. Yo me encuentro en un punto en el que intento ver todas aquellas cualidades que poseeo y me hacen única, aquellas pequeñas cosas que conforman mi escencia. Debo admitir que se me olvida muy seguido, pero siempre hay alguien allí afuera que me lo recuerda, que ve en mi lo que yo debo ver.
La confianza en uno mismo es un factor determinante para crecer y alcanzar aquello que se quiere. Confiar en nosotros mismod nos hace sentir invencibles, que podemos y somos capaces de alcanzar y hacerlo todo.
Sé que es difícil pero una vez que estás dispuesto a confiar, nada te detendrá. Debes decirte a tí misma/o todas esa cosas que te hacen grande, que te hacen ser tú. Tienes que mirarte al espejo y decir: soy capaz, puedo con todo, soy hermosa/o, inteligente…mírate de pies a cabeza y agradece.
En mi proceso he hecho pequeños cambio, pero que significan un mundo para mí… He decidido cambiar mi estilo de peinado, ponerme ropa que nunca hubiese usado antes, expresar mis sentimientos, poner en su puesto a aquellos que se creen más, aprendí a maquillarme, no lo hago con mucha frecuencia, pero cuando lo hago yo misma me halago, me paro delante del espejo del baño, sonrío y me digo lo linda que soy y lo buena que estoy. Es un camino difícil en el que no siempre te sientes cómoda/o con tigo misma/o, pero son más los momentos gratificantes.
Confía en tí, en lo eres capaz de hacer, en tú valor, en tus atributos, tú habilidad. La vida es muy corta para vivir con limitaciones, sintiéndote como un cero a la izquierda. Vive como si te fueras a comer el mundo, pero recuerda, siempre respetando y sin pisotear a los demás, porque aquí hay cabida para todos.
P.D: Ponte esa ropa que siempre quisiste ponerte.
P.D2: Di algo que te hayas estado guardando.
P.D3: Mírate al espejo, desnud@, con ropa, como sea y hazte cumplidos, no sólo sobre tú cuerpo, también sobre tú personalidad, mente, tú espíritu, tú alma.
P.D3: Escucha «En guerra» de Sebastián Yatra y Camilo.
Estás en el vientre de tu madre, un pequeño espacio que será tú hogar por los próximos 9 meses ( regularmente). Ahí te va a alimentar a través de un cordón conectado a tu ombligo y verás el mundo a través de los latidos del corazón de tú mami.
Naces, abres tus ojos y ves el mundo por tí mismo por primera vez. Aún no eres consciente, actúas por instinto y necesitas del completo y complejo cuidado de quienes se hacen llamar tus padres, dos seres que tendrán que alimentarte, protegerte, educarte, guiarte….
Vas creciendo y vas desarrollando tu personalidad, vas haciendo cosas por tí mismo y vas descubriendo cada día nuevas cosas. Llega una edad en la que ya eres absolutamente conciente de todo, sabes como se supone que debes actuar según de las imposiciones de la sociedad, cuales cosas se consideran correctas y cuales no, de acuerdo a los demás. Desarrollas tú propia opinión, tú propia voz y decides en que creer y en qué no.
Siempre necesitarás de tus padres pero sabes que debes salir al mundo y aprender a vivir por tí mismo. En el proceso te vas dando cuenta de que hay palabras que pueden herir incluso más que las acciones, que la maldad existe, pero la bondad predomina, que habrán personas que llegarán y se irán, y todo eso con un propósito, créeme, algo te enseñará. Verás y oirás y sentirás tantas cosas. Verás como habrán quienes sufran por dentro, pero aún sonrían con el alma rota, verás como se cometen injusticias descaradas, como algo superficial se convierte en algo más importante de lo que realmente debería importar, verás a niños con todo y a otros sin nada, a personas sufrir por estupideces y a otras por cosas desgarradoras, personas luchando con su salud mental, personas que lo superan y aquellas que se quedan en el camino.
Oirás, oirás demasiado, palabras que te marcarán y otras a las que no le tienes que hacer caso porque son como el veneno de una serpiente, solo quieren causar daño, oirás verdades que se esconden detrás de «juegos», oirás a las personas pelearse por cosas insignificantes, oirás risas tan sinceras que te harán sonreír a tí también, oirás el zumbido del viento y el canto de las aves, a los perros ladrar de felicidad y aullar de dolor, a padres expresando cómo aman a sus hijos y a otros repudiandolos, oirás palabras despectivas, pero también cumplidos sinceros hacia tu persona que te harán darte cuenta lo valioso que eres para alguien más.
Sentirás, mierda, sentirás el dolor de los demás,pero también sus alegrías , o quizás sentirás envidia, odio, tristeza, arrepentimiento. Sentirás amor, porque te enamorarás, – a mis 20 años aún no lo he hecho-, pero te aseguro que pasará y te sentirás en el cielo, y sí, puede que te rompan el corazón, pero volverás a enamorarte. Nadie se libra de amar aunque así quiera.
Creo que a todos nos llega un punto en el que nos cuestionamos, nos preguntamos: ¿Quién soy?, ¿Quien quiero ser?, ¿A dónde pertenezco?. Yo lo he hecho infinitas veces y aún me quedan respuestas por descubrir. Unos tardarán más que otros en encontrar la respuestas a estas interrogantes.
Para responder estás preguntas, lucharas con mounstros invisibles, llorarás, experimentarás, exploraras, conocerás personas, lugares, olores, sonidos y sabores. Te pondrás a prueba y quizás tropezaras, estudiaras algo que no te apasiona y cuando te des cuenta estará en tí decidir si seguir o detenerte, serás juzgado si tú decisión es priorizar tu paz, pero también es muy probable que haya quienes te apoyen en todo el sentido de la palabra.
Irás descubriendo cuáles cosas te hacen tú, tú escencia, cuáles cosas te identifican, cosas que podrían parecer tan simples, como por ejemplo que te guste sentarte un rato al aire libre o beber una tasa de café en la mañana escuchando un poco de Jazz. Te darás cuenta de lo que te hace sentir el corazón lleno y lo que no, de lo que te divierte y lo que te enoja, de lo que quieres y lo que no.
Para encontrar respuestas lo único que tienes que hacer es vivir y en el proceso todo irá cobrando sentido. Cuando menos te lo esperes descubrirás a qué viniste a este mundo, tú vocación.
Quizás te sucedan cosas que requieran sanación, pero está bien, nadie está exento de ello. Yo estoy en un proceso de nación a través del cual me he ido dando cuenta de muchas cosas.
Me he dado cuenta que perteneces dónde te sientas amado y en paz, con quien se preocupe por tí y te respete, quien te diga la verdad a la cara. Perteneces a dónde estés por gusto y no por obligación, dónde le agradezcas cada día a Dios por estar allí.
Verás, oirás, sentirás y te preguntarás… Todo es parte de este viaje llamado vida. No siempre todo será bonito, no siempre estarás dónde quieras estar, no siempre tendrás el valor de marcharte, decir o hacer lo que deseas, pero siempre recuerda que habrá una oportunidad más de intentarlo aunque el tiempo pase muy rápido, siempre encontrarás una mano amiga, un nuevo amor, inspiración y fuerzas para seguir.
Al final, descubrirás quién eres, serás quien quieras ser y estarás justo donde perteneces, estoy segura… Y te lo dice alguien que a batallado y sigue buscando respuesta, pero que aún tiene esperanza y seguridad de que cada pieza se pondrá en su lugar, en el tiempo y momento perfecto. Así que vive y no te preocupes, Dios nunca falla.
P.D. Quiero pedir un gran favor… Siempre se amable, sueña, lucha, cuida de tí física, mental y espiritualmente, y por favor, nunca te rindas.
Una especie de sentimiento desgarrador y abrumante cubre mi pecho y me estrecha el corazón haciendo que las lágrimas caigan por mi cara sólo con la esperanza de apaciguar esto. Sé perfectamente el nombre de esta sensación, y lo sé porque no es algo nuevo para mí y mucho menos desconocido.
Frustración se llama. Frustración con la vida, quizás conmigo misma. Frustración porque después de haber pasado las mejores semanas que he pasado en muchísimo tiempo, me siento mal, me siento como una malagradecida.
Es cómo sí el dolor hizo una pausa para dejarme respirar y experimentar por un momento lo que es la libertad, la plenitud y felicidad, lo que es sentirse vivo, y ahora ese momento simplemente llegó a su fin, se acabó y no estaba preparada para ello. Creo que mi alma ya se estaba acostumbrando a la felicidad.
La vida se trata de instantes, instantes que debemos saborear al máximo, lentamente y sin ninguna prisa. Al cerrar los ojos me imagino bailando en la sala de mis amigas, sin pensar mucho, sólo sintiendo el ritmo y dejándome llevar por él. Veo las plantitas que sembré con tanto amor para ISA y también a MARÍA cuidando de nosotras como una madre.
Vienen a mi mente las noches de pasta y música a todo volumen, los paseos improvisados y las llamadas de horas y horas. Siento como un gran sonrisa enmarca mi rostro al recordar, porque bien se dice que recordar es vivir, o más bien revivir.
Mientras escribo esto este sentimiento se va esfumando, al igual que las casi incontrolables ganas de llorar que me embargaban. Todas las memorias que tengo de este increíble viaje me reconfortan y estarán conmigo para siempre.
Lo que viví estás últimas semanas fué una especie de renacer, una experiencia casi sobrenatural, dónde volví a encontrarle sentido a muchas cosas y comprobé una vez más lo querida y amada que soy. Comprobé que puedo pasar una vida sin ver a mis amigos y que cuando nos reunamos otra vez, será como si no hubiese pasado el tiempo.
Conocí a nueva gente. Conocí a personas maravillosas y sumamente especiales, personas que agradezco haber conocido y con las cuales viví cosas que agradezco aún más. Ahora, después de todos estos párrafos lo único que queda es nostalgia y agradecimiento.
Queda en mi pecho el gusto y la suerte de haber tenido las mejores vacaciones de todo el mundo, con la mejor gente de todo el mundo. No más frustración por cosas que no puedo controlar y que sólo se roban mi energía. Sólo puro agradecimiento a la vida por enseñarme cada de día de las últimas semanas que vale la pena estar aquí, sin importar qué.
Cada vez que sienta nostalgia cerraré los ojos y recordaré todo lo que viví. Llegará a mi mente el maravilloso viaje al río, los atajos imprevistos, las costillitas del equipo remolacha, los «Te amo» de María y Mergy, el nuevo y especial vínculo que creé con Isabel, la disponibilidad y amor de Yanuel, el paseo con Virgen, los bailes con Gabriela en plena Zona Colonial, los cultos que servían de alarma, a mí saltando a un charco y subiendo una cuesta inclinada, la luz de Osmeylin y de todas las personitas con las que tuve la suerte de cruzarme, la cualidad de amigo de Imán, bailar con Yomelvin, ver a Enrique y Cristian, y cómo nadie me reconocía al verme – HAHAHAHA -.
Coño, que bueno es estar viva y rodeada de las personas indicadas.
P.D: Adiós frustración, hola agradecimiento. Hasta la próxima.
«Me pasan tantas cosas buenas. Tengo gente buena a mi alrededor, me divierto y hago cosas bonitas, pero a la más mínima cosa «mala», me caigo, los pedazos que intentan unirme vuelven a separarse.
Creo que llorar es una de mis cosas favoritas y también pienso que no me hace débil, más bien es una de mis formas de sacar la frustración, la tristeza, y si no lo hago, siento que me falta el aire, los feos sentimientos se apoderan de mí y siento que me ahogo. Llorar en la mayoría de las ocasiones disminuye un poco la carga que llevo en mi pecho.
Quisiera siempre ver el lado positivo y no sentirme miserable por cosas que al final son insignificantes para la mayoría de personas, pero para mí no, y no sé el porqué me importan tanto. Soy una persona con un nivel de sensibilidad muy elevado y las cosas que otros se encuentran normales puede que para mí no lo sean y me provoquen crisis.
Y quizás se preguntarán qué pasa ahora. Lo que pasa es que me tengo que ir. Lo bueno no dura para siempre. Se acabaron las vacaciones. Me duele porque no puedo hacer nada al respecto y marcharte de un lugar en el que eres tú,eres libre y sobretodo feliz no es tarea fácil.
Quisiera quedarme y seguir sintiendo que puedo con todo, que la vida es buena y que vale inmensamente la pena estar aquí. Hacía mucho – tanto que ya no me acordaba- que no sabía como se sentía ser plenamente feliz, y aquí lo soy.
Debería marcharme alegre por todo lo que hice y por cómo alimenté mi ser rodeandome de personas hermosas y haciendo cosas por y para mí, pero no, lo haré triste porque no quisiera que terminara.
Extrañaré tanto esto, no tienen una idea. Ya no puedo seguir escribiendo porque las lágrimas no me dejan y si plasmar todo lo que siento, llorarían conmigo.
P.D: HOY NO HAY.»
12: 2 a.m.
Estoy más calmada. Lo que escribí está tarde fue en medio de un momento de desesperacion, ansiedad y decepción. Las últimas horas mi mente se ha calmado lo suficiente como para darme cuenta de que realmente debo agradecer haber tenido las mejores vacaciones de la historia.
Vi a mis amigos, a mis panas que no veía desde hacía casi cuatro (4) años. Salí, exploré, me divertí, conocí gente nueva, bailé, reí, lloré, grité, hice cosas que nunca había hecho que fueron demasiado emocionantes. Estas semanas realmente fueron un gran recordatorio de lo buena que es la vida cuando la vives bien, sin pensar demasiado, haciendo cosas bonitas, conociendo gente bonita y al lado de amigos bonitos.
Se vale llorar por cosas que se nos salen de las manos, por cerrar etapas, pero lo que es imperdonable es olvidar lo bueno y sólo centrarse en una cosa mala. He sido tan feliz, que nada ni nadie podrá arruinar eso.
Las próximas vacaciones vuelvo con más ánimo, ganas de pasarla bien y toda la buena energía del mundo. La vida es buena, mis hermanos, muy buena.